miércoles, 15 de abril de 2015

EL CIGARRILLO ELECTRÓNICO Y LA NARGUILA DOS ENEMIGOS MÁS PELIGROSOS QUE EL CIGARRILLO TRADICIONAL.




Según el informe presentado en la sexta Conferencia de las Partes en el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el Control del Tabaco (CMCT de la OMS), celebrado en octubre de 2014 en Moscú; existe una gran preocupación por la comercialización a nivel mundial de “Sistemas electrónicos de administración de nicotina” (SEAN), entre los cuales los cigarrillos electrónicos son el prototipo más común.

Estos dispositivos electrónicos cada vez son más distribuidos y sus ventas se han disparado a nivel mundial y en nuestro país a pesar del enorme desconocimiento que hay en torno a la seguridad y eficacia de los mismos. Estos productos son comercializados como ayudas para dejar de fumar, o como alternativas más sanas al tabaco, pero la evidencia demuestra que no existe efectividad en su uso terapéutico y por el contrario contienen sustancias toxicas que puede afectar la salud de sus consumidores; De igual manera existe la preocupación de que ello pueda servir como puerta de entrada a la adicción a la nicotina y, en última instancia, al hábito de fumar, particularmente entre los jóvenes, donde su uso es cada vez mas frecuente.

Las pruebas existentes revelan que el aerosol del cigarrillo electrónico no es sólo “vapor de agua”, como se suele comercializar y aunque probablemente sean menos tóxicos que los cigarrillos convencionales, los cigarrillos electrónicos plantean amenazas para los adolescentes y los fetos de las embarazadas que los utilizan. Existe evidencia que generan sustancias cancerígenas y muchos de estos contienen nicotina que es una sustancia fuertemente adictiva.

La OMS señala que los cigarrillos electrónicos representan “una frontera evolutiva llena de promesas y amenazas para el control del tabaco”, y consiguientemente es preciso que las naciones hagan procesos de regulación con el fin de:
  • Impedir la promoción dirigida a no fumadores y jóvenes;
  • Minimizar los posibles riesgos sanitarios para los usuarios y no usuarios de cigarrillos electrónicos;
  • Prohibir que se hagan reclamos sanitarios no comprobados sobre los cigarrillos electrónicos; y
  • Proteger las actividades de control del tabaco existentes contra los intereses comerciales y otros intereses creados de la industria tabacalera.

En Colombia el ministerio de Salud y Protección Social y el Instituto Nacional para la Vigilancia de Medicamentos y Alimentos INVIMA han definido que estos dispositivos no pueden venderse como medicamentos ni dispositivos terapéuticos dada la falta de evidencia, de igual manera  no hay registros sanitarios para estos productos. Por el contrario en varias comunicaciones se ha desestimulado su uso y se está evaluando el impacto para la salud pública y estudiar la puesta en marcha de medidas correspondientes. 

La Narguila, Otro Enemigo silencioso.


Otra práctica inadecuada que cada vez va teniendo más adeptos es el uso de la Narguila, o también conocida como cachimba, hookah o shishesta; Es un dispositivo que se emplea para fumar tabaco con diferentes sabores u otras plantas sin nicotina por medio de una pipa de agua por la que se inhala vapor caliente con tabaco; al inhalar se atrae el humo del carbón caliente con nicotina, este pasa al agua y posteriormente a los pulmones de las personas que lo inhala.

La creencia popular es que el Narguila no tiene los efectos perjudiciales para la salud que tiene el cigarrillo, pero por el contrario, estudios han demostrado que estos artefactos tienen componentes tan tóxicos y perjudiciales como el cigarrillo que pueden causar cáncer de pulmón, enfermedad coronaria y otras enfermedades.

Estudios demuestran que al fumar Narguila se adquiere un gran nivel de monóxido de carbono en la sangre, incluso más que al inhalar un cigarrillo y utilizar este dispositivo durante 45 minutos produce 36 veces más alquitrán que fumar un cigarrillo durante cinco minutos. Como el uso de estos dispositivos se hace en ambientes sociales adaptados para tal fin, los usuarios pueden utilizarlos por horas que equivale en una sesión promedio a fumar 100 cigarrillos.

Un problema mayor radica en que el humo de este dispositivo también produce efectos dañinos para la salud del fumador pasivo o acompañante y el uso de estas en bares o lugares públicos no garantizan ambientes 100% libres de tabaco como lo expresa la Ley 1335 del 2009.


Hacemos un llamado de atención a las personas que utilizan estos dispositivos para que se informen sobre el daño que pueden generar estas dos prácticas para la salud y a los comerciantes de este tipo de dispositivos para que no desinformen a los compradores sobre los falsos efectos terapéuticos que tienen estos dispositivos. De igual manera un llamado para los establecimientos donde se permite tanto el uso de los cigarrillos electrónicos como de las narguilas para que eliminen esta práctica ya que estarían incumpliendo con la normatividad vigente en el país pues atentan contra los espacios libres de humo de tabaco y se podrían hacer acreedores a multas que pueden llegar hasta 400 salarios mínimos legales mensuales vigentes. 


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